martes, 28 de agosto de 2012

Hablemos de clásicos, hablemos de Alexis Zorba

"... tengo otros nombres, si es que le interesa: Spaguetti, porque soy muy largo y California porque estuve en América. Y Epidemia, porque a cualquier parte que voy parece que lo estropeo todo". Damas y caballeros, he aquí la presentación de este distinguido e inmortal personaje encarnado por Anthony Quinn: Alexis Zorba.
"Zorba, el griego" se trata de una adaptación Michael Cacoyannis de la novela "Vida y aventuras de Alexis Zorba", de Nikos Kazantzakis. Sin embargo, estos datos bien poco importarán a mi distinguido lector, lo cual no quiere decir que le reste importancia.
El caso es que yo descubrí esta película a través de mis padres, y no porque me la hubiesen machacado una tarde de mi infancia, no. Fue su música, su banda sonora: el sirtaki, de Mikis Theodorakis. Aquí os dejo un enlace de Youtube con la banda sonora: 
Mi imaginación escapa a las playas griegas que, aunque las atosigue la crisis económica, siguen siendo unos parajes con un encanto especial. Y no, lo siento, pero no os puedo hablar desde la experiencia, ya me gustaría estar a mí bailando el sirtaki descalzo en una de esas playas cretenses en lugar de estar martirizado con unos jugosos temarios estadística, finanzas, microeconomía y demás sandeces que mi infame memoria no está dispuesta a recordar a estas horas de la noche. Pero, en fin, sigamos con lo nuestro.
Resulta y ello es que con la moda de Megaupload y demás picarescas inventadas en Internet, me dio por buscarla hace un par de años. No la esperaba con entusiasmo, era una simple tarde de verano, en la aburrida y calurosa Córdoba de agosto. Pues chico/a, no sé qué narices me pasó que no pude despegar la vista de la televisión en las dos horas y pico que dura la película. Me encantó.
Pero pasando de mi análisis simplista vamos a ser un poco más serios.
La película es una obra maestra desde el inicio hasta el final, y no es solo entretenimiento, está llena de un profundo mensaje y un canto a la vida como no había visto en ninguna otra película. 

Se nos presentan dos personajes: Basil, interpretado por un jovencísimo Alan Bates, y Zorba, por Anthony Quinn. Basil es un escritor y un intelectual británico, de madre inglesa y padre cretense, que vuelve a la tierra de su progenitor a relanzar una antigua mina de lignito. En el puerto conoce a Zorba, un hombre a primera vista rudo, caradura y algo tocado de la cabeza. El distinguido y refinado maestro de ciudad contra el hombre rural (o como lo llamaríamos aquí, de "la España profunda"). Sin embargo, a lo largo de la cinta, caes en la cuenta de que el auténtico maestro es ese humilde hombre, cuya única escuela ha sido la de la calle, pero que te hace aprender unas lecciones que jamás olvidas.

La vida, la muerte, el bien, el mal ... temas tan triturados por los filósofos de las formas más enrevesadas, pero llega el bueno de Zorba y los trata de la forma más sencilla y humilde que alguien puede pensar: "La vida es problema, solo la muerte no lo es. Vivir es liarse la manta a la cabeza y buscarse problemas". Si queréis auténticas lecciones, Alexis Zorba es vuestro maestro.
Tranquilos, dos horas y quince minutos no dan solo para filosofía. También hay hueco para las aventuras, la comedia e incluso el drama. 
La crítica social, también se hace visible en este filme, en la posición de la mujer en el medio rural griego a principios del siglo pasado. El personaje clave: la viuda. La mujer debía estar sujeta al hombre, y si éste moría, a otro. Pues no, ella dijo no ¡vivan las mujeres con carácter! Todo el pueblo, lleno de hombres curtidos, mujeres chismosas y chiquillos, la critican y la miran con desprecio por no seguir lo establecido y querer hacer su vida, y no la de los demás. Pues joder, digno de admiración.
Si hay algo que arranque esta película, a pesar de que, por supuesto, hay penalidades, como en cualquier historia, es una sonrisa de satisfacción, de felicidad o cómo demonios quieras llamarlo. El caso es que es una película que no deja indiferente a nadie.
Termino esta entrada, igual que lo hubiese hecho Zorba en la película: "¡Caramba jefe! Le aprecio demasiado para no decirle: usted lo tiene todo menos una cosa ... locura. El hombre tiene que estar un poco loco si no nunca se atreve a cortar la cuerda y ser libre".

miércoles, 22 de agosto de 2012

Noche con el tito Woody

Lo sé, muchos me tachareis de inculto, de haber cometido una aberración ... pero como cinéfilo empedernido que soy fue hace dos noches cuando descubrí al maestro Woody Allen. En una sola palabra: genial. Estuve viendo "Annie Hall", la cual mi amigo Álvaro me la había recomendado durante todo el año. Sinceramente, cada vez que empezaba a verla acababa en brazos de Morfeo y no llegaba a ver más que los 10 primeros minutos. Sin embargo, la otra noche se alinearían todos los astros, y la vi de cabo a rabo (pero es que esta noche volveré a verla seguro).
"No quiero pertenecer a un club que tenga socios como yo", es la cita clave para entender toda la película y para comprender las relaciones de Alvy Singer (Woody Allen), un cómico de la Gran Manzana neoyorquina que hace un repaso a sus relaciones sentimentales y, más concretamente, con Annie Hall (Diane Keaton).
No quiero contaros mucho más sobre la sinopsis; espero que descubrais la trama viendo el filme.
Soberbia actuación de Diane Keaton, que sabe como evolucionar con el personaje a lo largo de la historia: de chica tímida y tonta hasta una mujer de carácter al final. El papel del señor Allen le viene como anillo al dedo. Sobra decir que a ambos les valió esta película para la candidatura en los Óscar del '77 como mejor actor, y que solo la señorita Keaton consiguió llevarse al bolsillo.
De todas formas, y aunque esté un poco desordenado, quería centrarme un poco más en el personaje de Alvy Singer. Paranoico, culto, despistado, nervioso, ingenioso, divertido, neurótico ... en serio adoro a ese hombre. Es uno de los caracteres que más me han gustado en una película. Consigue mantenerte alerta a lo largo de toda la película porque no sabes con qué te va a sorprender.
La película en sí te plantea una reflexión, y es tan simple como si quieres a alguien como tú en tu vida, si podrías soportarlo. Creo que por el simple hecho de sentirte especial, único en tu especie, puede que sea bastante difícil; perderías ese, ¿cómo llamarlo?, gusto por decir "no hay nadie como yo, soy especial". Al fin y al cabo, los polos iguales se repelen. Tal vez el tonto necesite de una inteligente, o viceversa. La vida, según nuestro protagonista, se vuelve algo complicada en estos escabrosos temas " ... y sin embargo se acaba demasiado deprisa".
Terminaré mi primer comentario en este blog con el fragmento del monólogo de Alvy que me marcó: "... ¿por qué rechacé a Allison Poshnick? Era ... era una chica preciosa, estaba dispuesta, ¡era inteligente! ... Será el viejo chiste de Groucho Marx que yo no quiero pertenecer a un club que tenga como socio a alguien como yo".