miércoles, 12 de septiembre de 2012

Un poco de gasolina, un poco de dinamita y ... BOOM BOOM BOOM

En primer lugar, pedirle disculpas a mi entregado lector, al cual le he dejado una semana sin leer una nueva entrada por culpa de mis exámenes de Septiembre. Pero hoy mi querido de lector esta de suerte: hoy estoy de muy mala leche. ¿Y qué ocurre? Que hasta ahora, las películas sobre las que he escrito han sido odas a filmes que me han encantado. Sin embargo, en esta vida no todo es de color rosa, y algún día tenía que hacer de bulldozer y llevarme alguna película por delante. Hoy, como estreno, el filme más hipócrita sobre la faz de la tierra: "Los puentes de Madison".
Se que algunas de las féminas que lean esta entrada dirán: "pero si es una historia súper romántica, super bonita, super todo chachi piruli del Paraguay". En palabras de mi amigo Juanito, la respuesta a tales afirmaciones sería un "¿en serio?¿Me estás tomando el pelo?" en toda regla. En mi opinión, y he visto la película, me parece la película que marcó para mal la trayectoria del señor Clint Eastwood. 
Para situaros un poco os resumiré un poco la película, una breve sinopsis. Francesca es una ama de casa corriente y moliente, de las de antes. Resulta y ello es que está casada con un soldado americano, con el cual se marcha a Estados Unidos. Crean una familia tal y cual, en el condado de Madison, Iowa. Mientras su esposo e hijos se van fuera (a una feria creo que era), llega al pueblo de Francesca un fotógrafo de la National Geography, que viene a fotografiar los puentes cubiertos del condado de Madison. A tontas y a locas, ella termina enamorándose de él y tienen el típico romance peliculero.
¡Oh, precioso!¡La historia de amor perfecta! Tu marido se va de casa con tus hijos un fin de semana y ¿qué haces? Pues lógico, ponerle una cornamenta del tamaño del estado de Iowa con el primer soplagaitas que llame a tu puerta: ¡hola buenos días! Soy fotógrafo de la National Geography, muy bohemio y perfecto para romances cortos. 
Ahora me toca a mí exponer mi tesis. Si la historia hubiese sido del revés, es decir, Francesca hubiese sido un hombre y se hubiese enamorado de una fotógrafa recién llegada a ese pueblecito del condado de Madison, Iowa, ¿qué habría pasado? El hombre, un cabrón sin escrúpulos; la fotógrafa, una fresca, una ligera de cascos, una mujer de dudoso honor, ... y demás insultos y desfachateces que, vosotras las mujeres, le atribuis a este tipo de chicas. ¿Veis la hipocresía u os tengo que hacer un croquis? Pero esto ocurre con cada historia de amor que los iluminados de Hollywood sacan a relucir. Un poco de gasolina, un poco de dinamita, eso es lo que tendría que haberse hecho con esos puentes: ¡BOOM! ¡BOOM! ¡BOOM! Y de fondo la Overtura 1812 de Piotr Ilich Tchaikovsky. Simplemente, sublime.
Por otro lado, queda hablar, eso si, de los dos magníficos actores: Clint Eastwood y Meryl Streep. Señores de la Warner Brothers, si yo voy a ver una película del señor Eastwood, lo mínimo que espero es que le suelte un puñetazo en la boca a cualquier chulo, un tiro entre ceja y ceja a otro o una mínima explosión. Acostumbrado como estoy a verlo en sus magníficas películas del western, en el papel de Harry Callahan o como ex marine a punto de retirarse, comprenda mi distinguido lector que esta película fue para mi un muy mal trago. El papel de Meryl Streep en su línea, y como siempre una magnífica profesional, eso no se lo puede restar nadie.
Huelga decir, que su banda sonora, la cual ahora mismo estoy escuchando, no pasará a la historia ni se escribirá en letras de oro cada pentagrama de la composición de Lennie Niehaus. 
Sin ánimo de extenderme mucho más, con un pitillo en la boca y cambiando la BSO de esta película por "Sweet Home Chicago", de Robert Johnson, me despido, satisfecho del poco y mal trabajo hecho. Hasta la semana que viene querido lector.