miércoles, 18 de noviembre de 2015

Cuando el demonio está aburrido

Noche y aburrimiento son conceptos que han de mezclarse con precaución si no queremos un cóctel que pueda destrozarnos. Quien me busca me encuentra, y vaya si me han encontrado. Vienen curvas y The Last Knights.

Morgan Freeman, Clive Owen y esta chica que sale en Ángeles y Demonios, ¿cómo se llamaba? Ah sí, Ayelet Zurer. Kazuaky Kiriya es el encargado de llevar la batuta y dirigir la orquesta fílmica. De él "conocemos" otras dos películas: Casshern y Goemon, esta última de temática épica japonesa. Bueno va, démosle una oportunidad.

Clive Owen, liderando el grupo. Parecen recién salidos de la
furgoneta de los hombres de Harrelson.
Se abre el telón y aparece un bosque sumido en la niebla, perfecto para emboscar a cinco desprevenidos, entre los cuales está nuestro querido Clive Owen, protagonista de la historia. Un momento, ¿llevan armaduras romanas? ¿Petos protectores de los SWAT? Pero, ¿no iba de caballeros la cosa? Bueno bueno, no está mal la licencia. Bien es sabido que la lorica segmentata nunca pasará de moda, al igual que los 70'. Fintas y estocadas alucinantes, pero, de repente, ¿una katana? No me malinterpretéis, no tengo nada en contra del sable japonés... espera, espera, espera,... el hacha sacada de las fraguas de Azeroth me ha descolocado. Respira, inspira. Y agárrate por si vienen curvas.

De repente un halo de tranquilidad inunda nuestra alma: claro, acaba de aparecer Morgan Freeman. Probablemente, Freeman es el actor más entrañable de todos los tiempos, con una voz profunda y una sonrisa cálida. Ya puede interpretar al villano más ruin, cruel, déspota, sanguinario... Morgan es el bueno, y punto. Pero sigamos. Freeman, en el papel de Bartok, es un noble dentro de un sistema "feudal" en el que todos rinden pleitesía a un emperador todopoderoso. Bajo su mando, Raiden (Clive Owen). Empiezan los problemas cuando aparece el malo de la peli, Aksel Hennie, con el típico papel de megalómano, un estereotipo tan trillado que roza lo absurdo y más aún en esta película. No quiero destriparos la historia, pero al final resulta siendo una copia barata de la leyenda japonesa de los 47 ronin.
¿Qué sentiría Freeman al encadenarse al papel de Bartok? ¡Ay, Señor! Llévame pronto.
Pasando a un análisis más pormenorizado, la historia. No sé qué ha hecho Kazuaky Kiriya en sus otros trabajos, pero aquí ha quedado patente que no ha sabido ni siquiera contar una historia. Ya no hablemos de la construcción de la trama plana y aburrida, porque los giros y "suspenses" le hacen un flaco favor. El constante vacío en cuanto a espacio y tiempo es otro gran fallo: ¿en qué época se desarrolla la trama? ¿Es un mundo imaginario? ¿Dónde está ese reino? Con una simple concreción hubiese bastado señor Kiriya. Hay que ser un auténtico inútil, o simplemente vago cuando teniendo un hilo argumental como 47 ronin y lo conviertes en semejante basura y pérdida de tiempo para el espectador. Ya de por sí, la vagueza se ve en la lentitud de la trama y la pobre originalidad de la historia. Guionistas y dirección, suspenso.

Por otro lado, el auténtico gancho, el único, es el elenco. La labor de marketing que ofrece la imagen de Morgan Freeman es clara; desde luego para mí fue el motivo para ver el filme. No entiendo como actores consumados se prestan a realizar semejantes aquelarres cinematográficos, a papeles vacíos de trabajo y profundidad que no aportan al séptimo arte. Aksel Hennie, no está hecho para el papel, siendo su trabajo bastante discreto, de acuerdo a lo que puede dar y a lo que pide el personaje. Personalmente creo que es un actor que no pasaría de un plano secundario, y menos aún como de antagonista. Auténtico desperdicio. El trabajo del reparto, suspenso.

Aksel Hennie, como Geza Mott, un megalómano
triste y bien vestido.
Pero no nos quedamos ahí, porque el iluminado que eligió el vestuario se lució. Entre las armaduras y las túnicas doradas, que anteriormente comenté, sólo tienen su explicación en que vamos a construir un mundo imaginario, donde todo lo que nos inventemos entre los guionistas y el director vale, y que se lo coma como pueda el que pague por la película. Tres cuartas de lo mismo con escenarios y fotografías, incoherencias una tras otra. Y me reitero: no pretendo que sea una película histórica, sino que tenga algo sólido a lo que atenerme. Por ejemplo, El Señor de los Anillos, no es un mundo real, sino imaginario, pero tiene una solidez estructural patente en la creación de ese mundo. Ambientación, suspenso.

Al final... el final es también una soberana porquería. Leí en una conocida página el mejor resumen subjetivo sobre esta película:"todo ser humano tiene derecho a equivocarse, incluso Morgan Freeman y Clive Owen... bodrio somnoliento donde los haya y absoluta pérdida de tiempo". Se me adeudan dos horas de entretenimiento. Sinvergüenzas.

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